Desde muy joven, el ingeniero industrial José Esquivel Granados ─conocido como Papeco─ practica deportes y le gusta realizar todo tipo de ejercicios para mejorar su condición física.
Hace seis años, José ─quien cuenta con una certificación en entrenamiento funcional─ se pasó a vivir a un condominio que le quedaba lejos de su gimnasio habitual.
A pesar de ello, se topó con la ventaja de que había una pista de atletismo cerca. Justamente, él competía en atletismo de velocidad.
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Se compró una llanta, un mazo, unos aros y una cuerda de resistencia y empezó a entrenar con esas herramientas.
Sus amigos llegaban a practicar con él a su condominio, en el área común del inmueble, que era al aire libre.

Las fotos que lo llevaron a emprender
Un día, José publicó un álbum de fotos en su perfil de Facebook (en el que se le veía entrenando) y lo compartió de forma pública, de modo que sus amigos y otras personas podían visualizarlo.
En esa noche, el deportista recuerda haber recibido alrededor de cuatro mensajes, que decían: “Disculpe, ¿dónde queda eso para matricularme?”, “¿Cuánto cuesta?”, “¿Cómo hago para llegar?”.
José le contó a su novia, Jennifer Saborío Chaves (quien hoy es su esposa y socia) lo sucedido.
Ella le dijo: “Si realmente esto es lo que te apasiona y lo que te ha gustado siempre, ¿por qué no hacés un proyecto de esto?”.
José siguió su consejo y así surgió la idea de establecer su empresa Raw Outdoor Fitness, que fundó con ella, quien igualmente es deportista.
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Su diferenciador sería entrenar al aire libre, con la naturaleza alrededor, lejos de cuatro paredes y de forma mucho más entretenida.
En los entrenamientos se emplean pesas, cuerdas, mazos, aros, mancuernas y se recurre a otras disciplinas como gimnasia, calistenia, atletismo y pliometría.
En ese entonces, no tenían mucho capital para invertir, por lo que las sesiones se realizaban en distintos lugares, como el Polideportivo de Belén, el Parque La Sabana y la Plaza Colonial Escazú.
Con $495, José compró cuerdas, aros y mazos para equiparse mejor.
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A la gente se le cobraba un monto por participar y, tanto José como Jennifer, eran los entrenadores, pues ambos se certificaron como tales.
Crecimiento
Seis meses después, se estableció su centro de entrenamiento en un lote familiar en Lindora.
Al principio, el sitio no tenía luz, ni agua, ni otros servicios públicos. Los interesados se ejercitaban bajo el sol o la lluvia.
Para poder entrenar de noche, rememora el emprendedor de 44 años, los clientes dejaban las luces de sus autos encendidas.
Posteriormente, colocaron techos (sin necesidad de paredes) y acondicionaron mejor el lugar.
Actualmente, se ofrecen “ediciones especiales” en las que se viaja a diferentes partes del país a realizar deporte, como montañas, playas, cerca de volcanes, entre otros espacios naturales.
La empresa creó su franquicia y existe una sede en Playas del Coco que opera bajo ese modelo.
Raw Outdoor Fitness hoy tiene diez empleados, más de 500 socios activos en sus dos sedes y obtuvo la marca país Esencial, que otorga la Promotora del Comercio Exterior (Procomer).
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La empresa se encuentra en proceso de ampliación, con la meta de establecer una “ciudad deportiva”, en la que haya profesionales de la salud como fisioterapeutas, médicos y nutricionistas, una cafetería y un área de coworking.
Y se está evaluando levantar una sede en Heredia.