Cada día somos testigos más directos de condiciones climáticas extremas, pérdida de cobertura boscosa y destrucciones de importantes hábitats y ecosistemas alrededor del mundo, debido a los patrones de producción, consumo despreocupado y poco sensato que los seres humanos conducimos, causando además efectos altamente dañinos al medio ambiente.
Conscientes del peligro que este rumbo conlleva, la Unión Europea ha desarrollado políticas que permitan crear una Europa más limpia, más saludable y climáticamente neutra, transformando el modo en que producimos y consumimos.
Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), sólo entre 1990 y 2020 se perdieron 420 millones de hectáreas de bosque en todo el mundo, una superficie mayor a la de la Unión Europea y cerca del 10 % de los bosques que quedan en el mundo, equivalente a una superficie mayor que la misma Unión Europea. Reconocemos también, que la deforestación y la degradación forestal son, a su vez, factores importantes del calentamiento global y la pérdida de biodiversidad en el mundo, los dos problemas medioambientales más importantes de nuestra época.
Por tanto, en 2019 la Unión Europea presentó un gran plan europeo para restaurar la naturaleza y trabajar en pos de una contaminación cero para asegurar a las generaciones futuras un medio ambiente saludable.
Conocido como el Pacto Verde, esta novedosa política consiste de una hoja de ruta que rige una serie de normativas y medidas en materia económica y medioambiental, destinada a convertir a Europa en un continente climáticamente neutral para el 2050.
Cabe recalcar que una de las grandes prioridades derivadas del Pacto Verde es la reducción de la huella sobre la tierra asociada al consumo. Por tanto, la Unión Europea encaminó un reglamento para combatir la deforestación causada por producciones agrícolas intensivas y sus subproductos, en principio, los sectores de ganado bovino, cacao, café, palma aceitera, caucho, soja y madera.
Entre los aspectos más relevantes de este reglamento, resalta el compromiso para los operadores y productores de demostrar que su producto está libre de deforestación a lo largo de toda la cadena productiva, mediante un proceso de revisión de áreas de producción y geolocalización, así como mediante la adopción de medidas adecuadas de reducción de riesgo.
Si bien el reglamento debía entrar a regir en diciembre del 2024, la Unión Europea, mediante un ejercicio abierto de consulta y respuesta a las preocupaciones expresadas por países socios, comercializadores y operadores que señalaron la dificultad de cumplir las normas de forma íntegra para el 30 de diciembre de 2024, decidió prorrogar un año más su aplicación.
Por tanto, la nueva fecha de aplicación será el 30 de diciembre de 2025 para las grandes empresas y 30 de junio de 2026 para las micro y pequeñas empresas.
Oportunidades para los productores costarricenses
Este año adicional de preparación debe verse como una gran oportunidad para los productos costarricenses, en especial, para aquellos que han anticipado las necesidades del mercado europeo y buscan afianzarse en la producción sostenible.
El Reglamento no solo refleja un compromiso con la sostenibilidad ambiental y la protección de los bosques. Ofrece también oportunidades para que las empresas costarricenses se posicionen en un mercado que prioriza, cada vez más, en prácticas alineadas con objetivos medioambientales.
Por tanto, los productores que satisfagan las exigencias del Reglamento estarán en una posición privilegiada para ingresar exitosamente en el mercado europeo y llegar a cada vez más consumidores conscientes del valor de la protección ambiental y la sostenibilidad.
Promover una ventaja comparativa requiere una nueva forma de hacer las cosas. Es importante la formación de alianzas entre sectores productivos, así como una mejor articulación entre autoridades, empresas, academia y organizaciones no gubernamentales, en función de las necesidades específicas y recursos disponibles de cada sector productivo.
Consciente de esta realidad, la Unión Europea está apoyando a Centroamérica en su proceso de adaptación a las nuevas regulaciones, desde la agenda de inversión Global Gateway.
Por ejemplo, el Programa “Café y Bosques” contribuye a coordinar y armonizar iniciativas de conservación y producción sostenible en la región, al reafirmar el compromiso con la recuperación verde de Centroamérica y la promoción de mejores estándares para la comercialización del café y otros productos. A su vez, a través de la plataforma comercial que representa el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamérica, se abren grandes oportunidades para los productores costarricenses.
Costa Rica es un claro caso de éxito. A través de sus políticas de innovación, preparación adecuada y mejores prácticas, se ha convertido en un referente para el mercado europeo; el sector cafetalero en particular ha demostrado estar preparado para competir y sobresalir con su grano de oro, como lo demuestran los más de 65 millones de euros en exportaciones según datos de fuente EUROSTAT para 2024.
Precisamente en marzo de 2024, Costa Rica se convirtió en el primer país en exportar a la Unión Europea un lote de casi 19.000 kilos de café libre de deforestación. Este hito le ha significado al país un aumento del 2% en sus exportaciones a Europa, según datos del ICAFE.
Este logro para el Café de Costa Rica refleja la importancia de la coordinación institucional y las alianzas público-privadas que posicionan a Costa Rica como un socio comercial innovador, transparente, confiable y alineado con la agenda europea de desarrollo sostenible.
Por tanto, la Unión Europea seguirá apoyando a socios comerciales estratégicos, como Costa Rica, que comparten los ideales de protección ambiental y la sostenibilidad de los procesos productivos, en aras de restaurar el ambiente para las futuras generaciones.
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Daniel Bloemers Wolf es Jefe de la Sección Económica y Comercial para Centroamérica de la Embajada de la Unión Europea en Costa Rica