
“Parte de la identidad de cada ser humano es aprender a decir que no a lo que no queremos”. Lady Gaga
Gaga es una cantante, compositora, productora, bailarina, activista y diseñadora estadounidense. La cito porque, aunque es una mujer excéntrica (algunos dirán que está un poco loca), hay sabiduría en su afirmación y pienso que la gente que trabaja en el mundo del espectáculo debe aprender a decir que no, o no sobrevive mucho tiempo sobria y sana.
Aunque mis clientes no son artistas, tengo una hija que si lo es, y por ella, he estado tratando de entender esa industria donde veo muchos egos, ambiciones, deseos de éxito. En mi trabajo con líderes no encuentro algo tan diferente (solo que se vive en el relativo anonimato).
Por lo anterior, citar a Gaga en una columna que leen los líderes (de todas las edades), no me parece a mí tan descabellado. Y a quien interese, comparto un video de Lady Gaga en la Universidad de Yale en el Emotion Revolution Summit.
En la adolescencia, cuando se define la identidad, a todo ser humano le resulta difícil decir que no. Algunos entrados en años, no lo superan y siguen viviendo con gran dificultad decir que no. Son las personas que conocemos en nuestras vidas que son extremadamente complacientes, serviciales e incondicionales. Quienes vivimos con ellas las amamos, pero si somos ellas, vivir en nuestro interior es muy complicado.
Yo solía ser un poco así. Pero aprendí que decir que no, aunque difícil, me permitía construir una mejor vida, más coherente y más auténtica.
He dicho que no a un cliente cuando percibo que no es un buen uso de mi tiempo (tal vez antes racionalizaba atenderlo). He dicho que no a esa salida cuando estoy indispuesta, cansada o enferma (antes me empujaba, maquillaba y salía). He dicho que no a mis familiares, cuando no me siento cómoda, valorada o respetada a través de interacciones o comportamientos (antes los disimulaba, los justificaba, o los soportaba).
Pero la verdad, es que a la primera persona que tenemos que decir que no, es a nosotros mismos. Y eso, de tocar base con nosotros, en el diario vivir, suena simple, pero es complicado.
Ey Ligia, ¿cómo estás hoy? ¿cómo está tu día? ¿es esto que estás haciendo algo que te hace sentido? ¿estás invirtiendo el tiempo en actividades y personas que valen la pena? ¿es este trabajo algo que quieres tomar? ¿te gusta? ¿te hace “click”?
También hay que aprender a decir que no, a los seres que amamos. Hay ciertos comportamientos que no son aceptables entre esposos, entre padres e hijos o entre hermanos. Sí somos familia, pero no todo se vale aún entre familias.
Hay comportamientos entre amigos, que no son aceptables, o, entre novios, o entre vecinos.
Considero, sin embargo, que el tema fundamental, más que con los otros, es con nosotros mismos. De hacer, como dice el personaje la Benigna, “Bizco para Adentro” uno a uno, cara a cara, en silencio.